28 septiembre 2006

Una capa de ozono en lenta recuperación


A la luz del último informe elaborado por 250 científicos de la Organización Meteorológica Mundial y del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, será hasta el año 2065 cuando se podrá ver recuperado el “agujero negro” sobre el Antártico

Otro 16 de septiembre. Otra conmemoración del Día Internacional de la Preservación de la Capa de Ozono. Otro año más de acciones y llamados a proteger la zona de la estratosfera que permite filtrar los rayos ultravioletas, procedentes del sol, evitando los dañinos efectos sobre la humanidad y el medio ambiente. Pero, otros 59 años más nos esperan para poder ver recuperado el agujero en la capa de ozono sobre el Antártico. A la luz del último informe elaborado por 250 científicos de la Organización Meteorológica Mundial, (OMM) y del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) bajo el título “Evaluación Científica del Agotamiento del Ozono del PNUMA/OMM: 2006”-, las investigaciones realizadas en 2002 preveían una completa restauración de la capa de ozono para el año 2050, sin embargo, “las nuevas mediciones de los científicos reflejan que ese momento tardará en llegar entre 5 y 15 años más de lo previsto, según las zonas geográficas”. Entonces, ¿El Protocolo de Montreal no está dando los frutos esperados?

COSECHA DE UN PROTOCOLO
La OMM asegura que sí porque “la concentración de agentes destructores del ozono se ha reducido de forma sostenida desde que alcanzaron sus máximos en la troposfera entre 1992 y 1994 y en la estratosfera alrededor de 1998”. Según el director ejecutivo del PNUMA, Achim Steiner, esta recuperación demuestra que el Protocolo de Montreal está trabajando, “pero la recuperación atrasada es una advertencia de que no podemos abandonar la capa de ozono y debemos mantener y acelerar nuestros esfuerzos para eliminar los productos químicos dañinos”. El Protocolo de Montreal, fundamento jurídico firmado el 16 de septiembre de 1987, engloba los esfuerzos mundiales por salvaguardar la capa de ozono mediante controles sobre la producción, el consumo y el uso de sustancias que agotan el ozono, entre ellos los clorofluorocarbonos o CFCs. Hasta la fecha, más de 150 países lo han ratificado y, adicionalmente, en febrero de 2005 entró en vigencia el Protocolo de Kyoto con la aprobación de más de 140 países que decidieron asumir el compromiso de disminuir para 2008-2012 las emisiones de gases de efecto invernadero a un 5 por ciento, menos del nivel de emisiones de 1990. No obstante, la OMM asegura que el proceso de recuperación será lento. El informe reafirma que “el agujero en el ozono antártico no ha empeorado desde fines de la década de 1990, pero se espera que huecos más grandes aparezcan en las siguientes décadas". El mismo explica que el “agujero” de la Antártica ha crecido año con año desde mediados de la década de 1980 durante el mes de agosto, alcanzando su mayor tamaño, por lo general, a fines de septiembre.Según los expertos, “el ozono sobre el Antártico debería recuperarse para el 2065, 15 años más tarde de lo esperado”. La razón de esto –explican- se encuentra en las condiciones especiales dentro del vórtice del Antártico, donde se produce un ciclón natural de vientos extremadamente fríos y veloces, por lo que se espera que el “agujero” de ozono en el Antártico se repita con frecuencia por otras dos décadas. Asimismo, el informe reseña que los científicos tuvieron que realizar nuevos cálculos en los cuales incluyeron “la cantidad de CFC-11 y CFC-12 que hay almacenada en los frigoríficos y otros aparatos, que antes no se habían contabilizado a pesar de que gran parte terminará emitiéndose a la atmósfera. Además, se ha examinado que el producto que se utiliza para sustituir a esos gases, el HFCF-22, también daña la capa de ozono, aunque en una representativa menor medida”. Asimismo, el informe de la OMM y de PNUD determina que según las investigaciones en el casquete polar Antártico, “las masas de aire presentes en esa zona no se renuevan tan fácilmente, por lo que las concentraciones de sustancias nocivas tardan mucho más tiempo en diluirse”.

¿QUÉ ES LA CAPA DE OZONO?
Si los rayos ultravioleta del sol entraran directamente a la superficie del planeta Tierra, todos los seres vivos que habitan en ella sufrirían una serie de mutaciones tales como tumores cancerosos, alteración química de las plantas, deterioro del ecosistema marino, entre otros. Pero, gracias al perfecto equilibrio del universo, el planeta cuenta con la capa de ozono, una zona en la estratosfera que permite filtrar los rayos ultravioletas evitando los dañinos efectos sobre la humanidad y el medio ambiente.
El ozono es un gas que se encuentra en una de las capas de la atmósfera llamada estratosfera. La alta densidad del ozono en la estratosfera forma lo que se conoce como la capa de ozono cuya mayor concentración se encuentra aproximadamente entre los 20 y 27 kilómetros de altura (Randel, Stolarski, 1999) sobre la superficie terrestre. Este gas se forma debido a la acción de los rayos ultravioleta procedentes del sol y de las descargas eléctricas sobre las moléculas de oxígeno, las cuales absorben esta energía transformándose en ozono (O3). De forma tal que esta capa actúa como filtro de las peligrosas radiaciones ultravioletas, llegando sólo una pequeña cantidad de ellas a la superficie de la Tierra, las cuales son necesarias porque facilitan la absorción de la vitamina D.
Sin embargo, la capa de ozono es atacada por elementos como el cloro, metano, bromo y flúor; los cuales se liberan de los compuestos sintéticos que se originan en los aerosoles, frigoríficos, aires acondicionados, extintores, productos de limpieza, disolventes y también en la fabricación de los materiales de aislamiento térmico a espumas plásticas. Estos compuestos, mejor conocidos como clorofluorocarbonos, van debilitando la capa de ozono generando los conocidos “agujeros negros”, los cuales se ubican sobre los polos. Uno de los primeros científicos en comprobar los efectos perjudiciales de los clorofluorocarbonos fue el mexicano y Premio Nóbel de Química, Mario Molina quien dijo que estos compuestos “pueden permanecer en el medio ambiente varias décadas, y algunos de ellos casi un siglo. Los efectos que en la capa de ozono vemos hoy en día son debidos a los compuestos emitidos hace uno cinco, diez o quince años". Asimismo, además del efecto de los gases y productos químicos producidos por el hombre, las erupciones volcánicas y el afecto invernadero provocan un recalentamiento de las capas inferiores de la atmósfera, las cuales generan un enfriamiento de la estratosfera que a su vez, estimula la formación de partículas de hielo que facilitan la liberación del cloro y por consiguiente la destrucción de la capa de ozono.

NORMAS VENEZOLANAS
El portal del renovado Ministerio de Ambiente, MinAmb, anuncia una serie de actividades conmemorativas del Día Internacional de la Preservación de la Capa de Ozono con el fin de concientizar a la colectividad sobre los riesgos que implica el uso y abuso de las sustancias agotadoras del ozono (SAO), las cuales están normadas según lo establecido en los decretos 3.228 de noviembre de 2004, y posteriormente el 4.335, de 2005. Para el MinAmb, “esta acción legislativa está en consonancia con la suscripción de nuestro territorio al Protocolo de Montreal”. Reseña que las regulaciones vigentes para proteger la capa de ozono están representadas en la Ley Penal del Ambiente; el decreto de creación del Fondo de Reconversión Industrial (Fondoin); el cambio en arancel de aduanas; la Ley Orgánica de Aduanas; la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela; y decretos arriba mencionados.

Fuentes consultadas: OMM, PNUMA, Tierramérica, MinAmb

12 septiembre 2006

La chenchena: un pariente prehistórico que habita en el Orinoco

Conocida en el mundo científico como Opisthocomus hoazin, es una de las tres especies de aves que presenta en sus alas unas garras parecidas a las encontradas en el Archaeopteryx, fósil considerado el eslabón perdido entre los reptiles y las aves que vivió en Alemania, hace 145 millones de años atrás

Fotos: William Castañeda y Google

Un ave que aún conserva rasgos evolutivos del Jurásico Superior trepa y se zambulle por los caños de la ribera del río Orinoco. Desde que son pichones, sortean las amenazas de cualquier depredador, con una eficacia tal, que le ha permitido mantener una alta población de su especie.
Como toda ave, la chenchena o guacharaca de agua cumple un ciclo vital dentro de los ecosistemas acuáticos. Conocida en el mundo científico como Opisthocomus hoazin, es una de las tres especies de aves que presenta en sus alas unas garras parecidas a las encontradas en el dinosaurio Archaeopteryx, un fósil considerado el eslabón perdido entre los reptiles y las aves que vivió en Alemania hace 145 millones de años atrás.
Las otras aves con estas características son el avestruz y el touraco (ver foto); sin embargo la chenchena vive el mismo tipo de vida que se supone vivió su antiguo pariente: salta, aletea, y se lanza por los ríos donde habita. Razón suficiente para impulsar una campaña de conservación de esta ave tan peculiar del corredor ribereño del Orinoco.

ÚNICA FAMILIA
La chenchena es un ave exclusiva de la cuenca del río Orinoco -y sus afluentes-, así como también de la cuenca amazónica. Suele encontrarse en las orillas de las quebradas, caños, morichales, manglares, bosques de galerías y lagunas rebalseras; por eso es muy común observarla –aunque es muy escurridiza- a lo largo de la ribera del Orinoco.
Del orden de los Opisthocomiformes, la chenchena pertenece a la familia de los Ophistocomidae, aunque para los especialistas en aves nunca ha sido tarea fácil clasificarla; primero, estuvo muy cerca de la familia de los Psittaciformes, después hicieron una subfamilia y hoy por hoy tiene una única familia que es la Opisthocomus hoazin, al menos, hasta nuevo hallazgo, porque los estudios en el área de la taxonomía continúan a fin de ubicarla definitivamente dentro de una familia.

POSE NATURAL
Es un ave folívora por cuanto su dieta se compone exclusivamente de hojas y aunque no es de un vistoso colorido, la chenchena se caracteriza por tener un porte elegante, sereno, ideal para fotografías. Puede llegar a medir hasta 35 cm. de largo cuando es adulto y su color marrón le permite confundirse con el follaje, a pesar del azul eléctrico que exhibe su cara, el cual se torna más intenso durante la época reproductiva.
Su canto no es tan melodioso como el de otras aves, incluso para los llaneros puede traer la ruina de la familia, pero eso ya son cuentos de camino. Posee en cada ala una especie de garra que las mantienen durante la época de pichón hasta que cumplen la etapa juvenil, ya de adulto sólo pueden apreciarse unos muñones. Esta ave forrajera tiene un cuerpo muy pesado que sólo le permite hacer vuelos muy cortos, aunque se desplaza en brincos muy ágiles sobre el ramaje.

AZUL INTENSO
Para el ornitólogo y profesor de la UNEG, Rosauro Navarro la mejor época para observarla es durante el periodo de aguas altas del Orinoco -mediados de agosto hasta octubre- cuando la chenchena macho está preparando sus nidos porque se acerca la etapa de apareamiento o conquista.
Esta parte es muy curiosa por aquello de que “el que se casa, casa quiere”, y es que entre las ofertas que debe hacer el macho para atraer a la hembra es el de poseer un buen nido casi siempre construido en las zonas arbustales y matorrales que están en la orilla de los caños.
Navarro describe el momento del apareamiento como todo un acontecimiento de color y sonidos. “Los machos tienen en la cara un azul muy bonito que se enciende durante este periodo y en la corona tienen unas plumas, las cuales son desplegadas para atraer a la hembra, hace unos graznidos y se pavonea para conquistarla, es todo un espectáculo”.
Una vez establecida la pareja viene la cópula y de ahí en adelante la cría de los pichones es asumida por ambos padres quienes se mantienen juntos hasta que los pichones llegan a la etapa juvenil y éstos se separan para formar sus propias familias. No obstante, refiere Navarro que en aguas bajas se pierden, y suelen observarse en grandes cantidades en unas lagunas que se forman en el río Aro, al oeste del estado Bolívar.
Destaca este apasionado de las aves, la habilidad que tienen los pichones para sobrevivir ante cualquier ataque de los depredadores. “Si se cae del nido se sumerge y nada con una facilidad increíble, y al llegar a la orilla se valen de las garras que tienen en las alas para trepar a los árboles. Han desarrollado desde su época juvenil hasta adulto una estrategia de supervivencia muy eficaz”.

CONTEMPLAR ANTES QUE CAZAR
Aunque algunos manifiestan que tiene un sabor muy amargo y un olor muy penetrante, la chenchena es constantemente amenazada por los cazadores furtivos que nunca faltan, de ahí que Navarro insista en la importancia de establecer un programa de educación ambiental en los pobladores de la ribera del Orinoco “para hacerles ver que es una especie atractiva para los amantes de la naturaleza y que llevando a la gente a observarla da más dividendos que cazarla y comerla”.
Además, reitera el ornitólogo de la UNEG, la chenchena es un ave que depende mucho de los bosques ribereños donde ella se reproduce, "por lo que un plan de conservación de esta especie única debe integrar estos ecosistemas". ¿Se imaginan la cantidad de turistas queriendo una foto del pariente del Archaeopteryx?

Dinosaurio con plumas
Aunque el debate sobre si era un ave o un dinosaurio con plumas continúa, lo cierto es que el Archaeopteryx significa ala antigua y es, para muchos científicos, el más célebre de los fósiles desde que en 1861 se encontrara la primera pluma.
Ya son seis los esqueletos descubiertos los cuales –según señala la tarjeta de exhibición del Museo Británico donde está expuesto un modelo del ejemplar-, “son muy ligeros, siendo sus huesos huecos como los de las aves voladoras”; de ahí que para los seguidores de la teoría evolutiva es el eslabón perdido entre los reptiles y las aves. Incluso, algunos paleontólogos piensan que la morfología de las garras del Archaeopteryx sugiere que esta ave primitiva sería de hábitos arborícolas, es decir, viviría entre las copas de los árboles y tendría una elevada capacidad para trepar a las mismas

Los Hotï: prácticas y creencias que incrementan la biodiversidad

La investigación galardonada con el Premio al Mejor Trabajo Científico en Ciencias Sociales, en el año 2004 evidenció que las conductas ecológicas de esta población indígena propia del Escudo Guayanés no redundan en efectos ambientales perjudiciales y que generan incrementos en la biodiversidad regional

Sus pasos han recorrido buena parte de las altas mesetas rocosas y de los farallones que abundan en los 7 mil kilómetros cuadrados que conforman la Sierra Maigualida, formación montañosa que divide los Estados Amazonas y Bolívar. El largo trayecto recorrido por el pueblo indígena de los Hotï es poco conocido, sólo a finales de la década de los años sesenta comenzaron los primeros contactos con el llamado mundo occidental; no obstante, esta comunidad ancestral ha demostrado a lo largo de su historia -aún por descubrir- que sus prácticas y creencias han establecido una nueva ética ambiental vital para el mantenimiento del ecosistema. Así lo afirma la investigación llevada a cabo por los esposos Egleé y Stanford Zent científicos del departamento de Antropología del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas, (IVIC), cuyo objetivo fue conocer los impactos ambientales generadores de biodiversidad según las conductas ecológicas de los Hotï de la Sierra Maigualida. Esta investigación fue galardonada con el Premio al Mejor Trabajo Científico, Mención Ciencias Sociales, otorgado por el Ministerio de Ciencia y Tecnología en el año 2004.

CONDUCTAS QUE ALTERAN EL ECOSISTEMA
La investigación se llevó a cabo desde mayo de 1996 a octubre de 1999, tiempo durante el cual los investigadores enfocaron su trabajo en las áreas de la etnobotánica y la ecología del comportamiento entre los Hotï, para lo cual seleccionaron cuatro comunidades: Caño Mosquito; Caño Majagua; Caño Iguana y San José de Kayamá. Entre los métodos usados en la investigación, el documento menciona: “colección de formas lingüísticas y análisis fonémico del Hotï, estudios florísticos y análisis de vegetación, colecciones generales de especimenes botánicos, entrevistas etnobotánicas estructuradas, entrevistas formales e informales, estudios de repartimiento de tiempo, observación y seguimiento cuantitativo de individuos realizando actividades de subsistencia, registros de los recursos alimenticios cosechados, además de observación participativa de un diverso rango de actividades e interacciones de conversación cotidiana y registro de datos meteorológicos”.
El estudio describe cinco conductas alteradoras del ecosistema: cosecha y dispersión de frutos arbóreos, explotación y manipulación de palmas, manejo de gusanos de seje, cultivo de claros naturales y extracción de miel. “El análisis de estas alteraciones, y en virtud de los largos períodos de ocupación que los Hotï han ocupado esta región, permite inferir que sus conductas han tenido un impacto considerable en la composición, diversidad y estructura de los bosques de Maigualida. Tales conclusiones tienen implicaciones en los planes de conservación biológica al mostrar que las actividades de subsistencia de los indígenas forrajeros contribuyen a la creación y mantenimiento dinámico de la diversidad en los ecosistemas amazónicos”.
Los investigadores Zent describen a los Hotï como “forrajeros, practicantes de recolección, caza, pesca, y en menor grado agricultura incipiente, están poco culturados”. Explican que tanto su afiliación lingüística como la historia cultural Hotï han sido materias de debate debido a la carencia de datos precisos porlo que su lengua ha sido clasificada como aislada. En cuanto a su población, destacan el franco crecimiento que ha experimentado los Hotï en las dos últimas décadas: “El primer Censo Indígena de Venezuela registró 398 Hotï (OCEI, 1985) y el censo subsecuente 643 Hotï distribuidos en alrededor de 25 comunidades (OCEI, 1993). Nuestros datos censales al inicio del trabajo de campo en 1996-97 cuentan 750 Hotï, número que se elevó a 826 en febrero 99”.

ALTERACIONES INTERMEDIAS
La investigación que duró 22 meses evidenció que “las prácticas de conuco Hotï y la explotación intermitente de territorios de caza y recolección junto con cambios intergeneracionales de asentamientos son ejemplos de alteraciones intermedias”. Señala que dichas alteraciones “son de baja intensidad pues son localizadas, reversibles y no demandan grandes inversiones energéticas al iniciar el proceso de recuperación ambiental. La conducta de alteración Hotï es consistente con el mejoramiento y mantenimiento de niveles de biodiversidad y por tanto debe incorporarse en planes de desarrollo para explicar y mantener la rica biota tropical (Goldammer, 1992; Balée, 1998), tanto más cuando se han reportado índices de endemismo más altos en bosques sometidos a niveles intermedios de alteración humana (Kessler, 2000) los cuales pueden jugar un papel importante en la conservación de la biodiversidad”.
De tal forma que los Zent consideran a esta población y otros indígenas amazónicos “valiosos componentes de la dinámica, estructura y función del ecosistema como se conoce hoy;…desde nuestra perspectiva los indígenas son agentes de alteración ecológica volitivos y conscientes cuya intención es cambiar el ambiente a través de procesos de manipulación biológicos y culturales para satisfacer necesidades de producción de recursos. Enfatizamos la neutralidad subjetiva de los resultados: la conducta de alteración humana no necesariamente genera degradación ambiental o extinción de las especies, pero tampoco sugiere que el incremento potencial de la biodiversidad mejorará las condiciones de la biosfera (Baleé, 1998)”.
Para los Zent sería “falso” acusar a los indígenas amazónicos “de haber producido la degradación a gran escala de su hábitat o la erosión de su inmensa riqueza biológica. Obviamente, los indígenas poseen un íntimo conocimiento de su entorno biológico, son expertos manipuladores de procesos y relaciones ecológicos y tienden a adoptar prácticas de manejo de recursos sostenibles”. A la vista de sus resultados, la investigación de los Zent muestra “que grupos como los Hotï prestan servicios que emulan los procesos naturales y contribuyen a incrementar la biodiversidad. Sus creencias y prácticas etnoecológicas ofrecen modelos para una nueva ética ambiental, sus conductas de subsistencia aparecen vitales para el mantenimiento del ecosistema y la gente misma constituye un recurso humano estratégico para implementar iniciativas de desarrollo”.

Agentes ecológicos creativos
Egleé y Stanford Zent aclaran que “la representación del Amazonas como un hábitat antropogénico es todavía una idea muy controversial, en especial por la insuficiencia de estudios de campo e históricos sobre las consecuencias de las interacciones hombre-ambiente”; de tal forma que a su juicio, la investigación desarrollada “proporciona aportes empíricos a la hipótesis de trabajo de que grupos humanos con orientaciones de subsistencia tradicionales actúan como agentes ecológicos creativos modificando y configurando dinámicamente los ecosistemas”. En tal sentido, en la investigación “se describen prácticas ecológicas de los indígenas Hotï de la Sierra Maigualida del Amazonas venezolano, que no redundan en efectos ambientales perjudiciales y que generan incrementos en la biodiversidad regional, constituyendo aportes vitales para su mantenimiento dinámico”.

Fuente: ZENT, Egleé L y ZENT, Stanford. Impactos ambientales generadores de biodiversidad: Conductas ecológicas de los Hotï de la sierra maigualida, Amazonas venezolano. INCI. [online]. ene. 2002, vol.27, no.1 [citado 15 Julio 2006], p.9-20. Disponible en la World Wide Web: http://www.scielo.org.ve/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0378-18442002000100003&lng=es&nrm=iso>

La Carapa Guianensis: nuevas especies por conocer

Este árbol que se reproduce por semillas y no tolera clima frío, será objeto de estudio en la investigación que planean desarrollar el científico del Museo Nacional de Historia Natural de París, Pierre-Michel Forget y el equipo que lidera la investigadora Judith Rosales de la Uneg
De la familia de las Meliaceae y conocida comúnmente en Brasil como Andiroba, Tangará o Ébano brasileño, la Carapa Guianensis, cuyo nombre nativo es "karapat, Krapa”, es un árbol presente en el Escudo Guayanés. Puede llegar a medir más de 30 metros de altura (en su lugar de origen) y sus propiedades curativas son apreciadas por quienes han utilizado la corteza, las hojas y las semillas bien sea por sus propiedades medicinales antiinflamatorias o antirreumáticas. Este árbol que se reproduce por semillas y no tolera clima frío, será objeto de estudio en la investigación que planean desarrollar de forma conjunta el científico Pierre-Michel Forget, profesor del departamento de Ecología y Gestión de la Biodiversidad del Museo Nacional de Historia Natural de París y el equipo que lidera la investigadora Judith Rosales de la Universidad Nacional Experimental de Guayana, Uneg. ¿La intención? Conocer cómo las poblaciones indígenas de la Guayana venezolana utilizan este árbol. El investigador francés y la coordinadora del Centro de Investigaciones Ecológicas de Guayana habían iniciado las primeras conversaciones sobre este proyecto de investigación durante el Congreso Internacional de Biología Tropical celebrado en Brasil en el año 2004. Posteriormente, en el Congreso de Biodiversidad del Escudo Guayanés llevado a cabo en marzo de este año se concretó esta iniciativa que aún se encuentra en fase de planificación. “La intención es seguir profundizando en las especies nuevas de este género de la Carapa Guianensis que he descubierto y que también se dan en Venezuela”, aseveró el investigador francés.

ESPECIES NUEVAS
En sus numerosas investigaciones, Forget ha descubierto especies nuevas de este género -que también se dan en Venezuela- “lo que demuestra que nuestra capacidad de conocimientos es bastante escasa”. Este biólogo ha venido realizando estudios sobre las relaciones plantas-animales y las presiones y amenazas antropogénicas actuales a las que se enfrenta y sus respectivas consecuencias para los servicios y la conservación de la diversidad de plantas en el Escudo Guayanés, de ahí la advertencia lanzada en el I Congreso Internacional de Biodiversidad del Escudo Guayanés, realizado en marzo de este año en la ciudad fronteriza de Santa Elena de Uairén, sobre la posible afectación de la biodiversidad de la Guyana Francesa en los próximos quince años debido, precisamente, a la presión que ejerce la actividad humana sobre los bosques.

IMPACTO DE LA DEFORESTACIÓN
Explicó el investigador francés que la deforestación es uno de los factores que mayor impacto negativo causa en el papel que cumplen los animales en la diseminación de frutos. “Cuando se reduce el número de árboles maderables se reduce igualmente el alimento que necesitan los animales y eso puede llevar a una reducción de la población en los mismos”. Al respecto, señaló que la actividad minera ejerce un doble efecto, primero por el impacto de la cacería en la población de los animales, extinguiéndolos localmente y luego el efecto físico de la minería en las cabeceras de los ríos afectando la calidad de sus aguas “como ha pasado en Suriname y Guyana” y precisamente -añadió- en estas áreas de los ríos pequeños es donde más abunda el árbol Carapa Guianensis y de ahí, el impacto que está teniendo sobre esta especie.

CULTIVO Y USOS
Los estudios, llevados a cabo por Forget en Suriname y Guyana Francesa, se han enfocado principalmente en el papel de los animales vertebrados principalmente -como roedores, aves- en la dispersión de los frutos de las plantas y su función en la regeneración de los bosques, para lo cual ha trabajado con especies madereras y las que son de utilidad no maderable como la Carapa Guianensis “que es muy utilizada en Brasil porque de su semilla se saca un aceite medicinal”. En tal sentido, el ingeniero agrícola José Sánchez de Lorenzo (www.arbolesornamentales.com/Carapaguianensis.htm) reseña que los usos medicinales de este árbol se encuentran tanto en la corteza, hojas y semillas; de esta última se obtiene un aceite de uso medicinal y cosmética; mientras que de sus hojas se obtienen productos insecticidas. Explica que su madera es muy apreciada por su usos en la ebanistería, la carpintería y en la construcción de barcos. Con una copa muy densa y tronco grueso con raíces tabulares, dice, la Carapa Guianensis se caracteriza por una corteza lisa de color gris claro o castaño grisácea, a veces rojiza, con fisuras poco marcadas, además para su cultivo requiere suelos fértiles, orgánicos y un ambiente húmedo, con amplia exposición al sol.
Lo cierto es que, tal como lo señala el investigador del Museo Nacional de Historia Natural de París, Pierre-Michel Forget, los bosques tropicales del Escudo de Guayana abrigan comunidades ricas en plantas y animales, los primeros proporcionando el alimento y el abrigo a los últimos que ofrecen luego sus servicios de vuelta. “Es una cadena entre los animales que dispersan la semilla y la reproducción del árbol”.

Un Escudo rico en plantas
Para el profesor del departamento de Ecología y Gestión de la Biodiversidad del Museo Nacional de Historia Natural de París, Pierre-Michel Forget, las comunidades de los invertebrados y de los vertebrados sostienen muchos de los procesos ecológicos, tales como polinización, dispersión de la semilla, reclutamiento y estrategias de defensa de los herbívoros; de ahí que resalte el importante papel que estas interacciones desempeñan en la conservación de los servicios del ecosistema. Advierte el investigador que las amenazas actuales que emergen a los ecosistemas regionales del bosque, tales como tala de árboles, fragmentación, caza e introducción de especies invasoras en esos servicios, afectan la diversidad, el reclutamiento de la planta y la conservación genética del bosque de Guayana.

Nuevas variables socioeconómicas y ambientales favorecen la malaria


De 300 a 500 millones de infecciones maláricas ocurren cada año en el planeta. En Venezuela, la enfermedad se encuentra en el rango de epidemia. El 61,7 % de los casos, (marzo-2005) provienen del Estado Bolívar. El 87,3 % corresponden a P. vivax; 12,1 % a P. falcíparum y sólo 0,5 % para infecciones mixtas


Laura Delgado, bióloga del Instituto de Zoología Tropical de la Universidad Central de Venezuela quedó convencida que en aquellos municipios donde existen necesidades básicas insatisfechas, pobreza crítica, descolarización entre 7 y 8 años y cambio en el uso de la tierra; hay presencia de malaria. La investigadora trabaja en ecología aplicada a la salud pública, asistida con percepción remota y sistema de información geográfica (SIG); de ahí que el estudio, llevado a cabo en los municipios Roscio, Sifontes y Gran Sabana del estado Bolívar, buscaba demostrar cómo el hombre -como elemento del paisaje-, es capaz de alterar o impactar los sistemas “de tal forma que le da estabilidad a las enfermedades que son sistemas ecológicos complejos porque les ofrece nuevas oportunidades de hábitat a los vectores que son sumamente flexibles y se adaptan muy rápido”.
Precisó Delgado que el trabajo lo que mostraba era que “aquellos municipios en donde las variables socioeconómicas tales como: necesidades básicas insatisfechas, pobreza crítica, niños que no asisten a la escuela entre los 7 y 8 años; están muy relacionados con la presencia de la malaria en la zona y cómo aquellas actividades propias como empleo agrícola y cambio en el uso de la tierra por actividad minera, crean nuevas condiciones favorables que favorece la propagación de la malaria”.
La investigación señala que para el año 2000, el estado Bolívar -con una extensión de poco más de 240 mil kilómetros cuadrados y una baja densidad poblacional, presentaba un índice de desarrollo humano municipal mediano y algo menos de la mitad de su población estaba en condiciones de pobreza.
“Desde el punto de vista epidemiológico es uno de los focos maláricos con elevados niveles de la enfermedad, pero con una alta variabilidad entre municipios. Así, para los años 1999 y 2000, el municipio Sifontes presentaba los valores más altos de incidencia malárica con un IPA de 146.92 y el municipio Caroní, los más bajos con un IPA de 0.09, lo que significa que la incidencia malárica en el estado Bolívar se expresa espacialmente de manera heterogénea”.
En tal sentido, la investigación evidenció que en los municipios Sifontes y Gran Sabana -donde funciona la agricultura o la minería extractiva que es la minería de cielo abierto-; tienen los indicadores de malaria más elevados, en cambio Roscio “que también tiene un porcentaje de malaria significativo, tiene variables ambientales diferentes y que condicionan distinto la enfermedad”.
Explicó que otras variables intervienen en el caso de El Callao donde se realiza una minería extractiva tipo túnel, “el cual no afecta el ambiente de tal forma que pueda dar origen a la proliferación de vectores en agua. El problema de salud de El Callao es otro, tiene que ver más con la utilidad de los niños para entrar en los túneles y ese es un problema de salud pública importante”.

SENSIBILIZAR
Delgado añadió que esta primera exploración de esa relación entre las variables socioeconómicas y el hombre como elemento del paisaje pretende ir orientando y sensibilizando a las comunidades de las áreas afectadas, “porque tiene que ser un proceso educativo si no, no puedes lograr nada. La idea es que poco a poco se vaya tomando conciencia que esa actividad hecha de esa manera les está provocando una desmejora en la calidad de vida”.
Algo que Delgado sabe que es muy difícil de lograr “tomando en cuenta que esas son las únicas actividades que esas poblaciones saben hacer, pero de alguna manera hay que ofrecerles alternativas que les permitan manejar mejor su entorno, de manera que si lo van a hacer lo hagan causando el menor impacto posible”.
Delgado lleva seis años modelando la dinámica de esta enfermedad en el estado Sucre, siendo el último año su incursión en el estado Bolívar, “porque para poder modelar el sistema en el estado nororiental, tengo que saber quiénes contribuyen a que en un instante determinado se haya generado la endemicidad en Sucre.
Por eso para establecer esa coyuntura y ver cuál era esa relación, me di a la tarea de investigar a Bolívar y ver cómo se comporta”. Indicó que hay cinco estados que dan su semilla a Sucre: Bolívar, Monagas, Delta Amacuro, Apure y Amazonas; pero el primero es uno de los nodos que contribuye con más frecuencia a la malaria en el estado Sucre “con los casos importados que aunque son pocos, se mantienen sostenidos en el tiempo”.
Recordó Delgado que la península de Paria es muy deprimida por lo que la gente se mueve buscando mejoras en su calidad de vida y, “como no existen controles de enfermedades epidemiológicas por lo frecuente en la movilidad de la población, cuando ellos vuelven llevan la semilla”.
Precisamente, esa contribución de Bolívar hacia Sucre le llamó la atención a Delgado y la motivó a buscar la conectividad entre ellos y ha logrado encontrar que probablemente provenían de lugares con iguales factores socioeconómicos o similares condiciones ambientales que Sucre y resultó que es así. “Son patrones que hay que estudiarlos si se quiere instaurar, en algún instante, vigilancia epidemiológica efectiva”.

ENFOQUE INTEGRAL
Sobre la malaria, Delgado dijo que en el estado Bolívar prevalecen dos tipos de patógenos: plasmodyum viva y plasmodyum falcíparum. El primero impacta al hombre disminuyendo sus horas de rendimiento laboral (fiebre, escalofríos, dolores de cabeza), pero la malaria que se genera por el falcíparum puede ser fatal y es la que predomina en Bolívar de ahí que exhorta a la población a mantener medidas preventivas.
Delgado piensa que más que erradicar la malaria, “lo correcto sería trabajarla de forma integral con un diseño de monitoreo y control donde se aborde el problema educativo desde las escuelas y un abordaje de la enfermedad desde el punto de vista de su funcionamiento. Epidemiológicamente, cuáles son las variables que la afectan y si se restringe a un área en específico”. Su apostolado es muy claro “hay que trabajar en equipo y las instituciones que tienen competencia en el área de salud pública debe propiciar ese trabajo en equipo, porque tradicionalmente hubo un equipo fuerte de malaria en Venezuela pero eso ya no es así ahora queda unificar los esfuerzos de la gente que viene trabajando y que viene haciendo investigaciones en las áreas, porque esa es la única manera de fortalecerse”.

Sistemas de Información Geográfica
La investigadora del Instituto de Zoología Tropical de la Universidad Central de Venezuela también desarrolló un modelado cartográfico para la evaluación de riesgo epidemiológico asociado a la malaria en el municipio Sifontes, por ser el más afectado. “Los Sistemas de Información Geográfica (SIG) constituyen una herramienta integradora de las información disponible. El análisis espacial permitió identificar y delimitar de forma rápida los lugares potenciales de riesgo epidemiológico así como las zonas vulnerables a la epidemia”. Delgado indicó que luego de obtener el modelo, se generaron propuestas que “contribuirán a minimizar el impacto en cuanto al número de casos de malaria y apoyarán a los organismos del Estado, porque tendrán disponible una información para gerenciar mejor los recursos dedicados a la salud”.