12 septiembre 2006

La chenchena: un pariente prehistórico que habita en el Orinoco

Conocida en el mundo científico como Opisthocomus hoazin, es una de las tres especies de aves que presenta en sus alas unas garras parecidas a las encontradas en el Archaeopteryx, fósil considerado el eslabón perdido entre los reptiles y las aves que vivió en Alemania, hace 145 millones de años atrás

Fotos: William Castañeda y Google

Un ave que aún conserva rasgos evolutivos del Jurásico Superior trepa y se zambulle por los caños de la ribera del río Orinoco. Desde que son pichones, sortean las amenazas de cualquier depredador, con una eficacia tal, que le ha permitido mantener una alta población de su especie.
Como toda ave, la chenchena o guacharaca de agua cumple un ciclo vital dentro de los ecosistemas acuáticos. Conocida en el mundo científico como Opisthocomus hoazin, es una de las tres especies de aves que presenta en sus alas unas garras parecidas a las encontradas en el dinosaurio Archaeopteryx, un fósil considerado el eslabón perdido entre los reptiles y las aves que vivió en Alemania hace 145 millones de años atrás.
Las otras aves con estas características son el avestruz y el touraco (ver foto); sin embargo la chenchena vive el mismo tipo de vida que se supone vivió su antiguo pariente: salta, aletea, y se lanza por los ríos donde habita. Razón suficiente para impulsar una campaña de conservación de esta ave tan peculiar del corredor ribereño del Orinoco.

ÚNICA FAMILIA
La chenchena es un ave exclusiva de la cuenca del río Orinoco -y sus afluentes-, así como también de la cuenca amazónica. Suele encontrarse en las orillas de las quebradas, caños, morichales, manglares, bosques de galerías y lagunas rebalseras; por eso es muy común observarla –aunque es muy escurridiza- a lo largo de la ribera del Orinoco.
Del orden de los Opisthocomiformes, la chenchena pertenece a la familia de los Ophistocomidae, aunque para los especialistas en aves nunca ha sido tarea fácil clasificarla; primero, estuvo muy cerca de la familia de los Psittaciformes, después hicieron una subfamilia y hoy por hoy tiene una única familia que es la Opisthocomus hoazin, al menos, hasta nuevo hallazgo, porque los estudios en el área de la taxonomía continúan a fin de ubicarla definitivamente dentro de una familia.

POSE NATURAL
Es un ave folívora por cuanto su dieta se compone exclusivamente de hojas y aunque no es de un vistoso colorido, la chenchena se caracteriza por tener un porte elegante, sereno, ideal para fotografías. Puede llegar a medir hasta 35 cm. de largo cuando es adulto y su color marrón le permite confundirse con el follaje, a pesar del azul eléctrico que exhibe su cara, el cual se torna más intenso durante la época reproductiva.
Su canto no es tan melodioso como el de otras aves, incluso para los llaneros puede traer la ruina de la familia, pero eso ya son cuentos de camino. Posee en cada ala una especie de garra que las mantienen durante la época de pichón hasta que cumplen la etapa juvenil, ya de adulto sólo pueden apreciarse unos muñones. Esta ave forrajera tiene un cuerpo muy pesado que sólo le permite hacer vuelos muy cortos, aunque se desplaza en brincos muy ágiles sobre el ramaje.

AZUL INTENSO
Para el ornitólogo y profesor de la UNEG, Rosauro Navarro la mejor época para observarla es durante el periodo de aguas altas del Orinoco -mediados de agosto hasta octubre- cuando la chenchena macho está preparando sus nidos porque se acerca la etapa de apareamiento o conquista.
Esta parte es muy curiosa por aquello de que “el que se casa, casa quiere”, y es que entre las ofertas que debe hacer el macho para atraer a la hembra es el de poseer un buen nido casi siempre construido en las zonas arbustales y matorrales que están en la orilla de los caños.
Navarro describe el momento del apareamiento como todo un acontecimiento de color y sonidos. “Los machos tienen en la cara un azul muy bonito que se enciende durante este periodo y en la corona tienen unas plumas, las cuales son desplegadas para atraer a la hembra, hace unos graznidos y se pavonea para conquistarla, es todo un espectáculo”.
Una vez establecida la pareja viene la cópula y de ahí en adelante la cría de los pichones es asumida por ambos padres quienes se mantienen juntos hasta que los pichones llegan a la etapa juvenil y éstos se separan para formar sus propias familias. No obstante, refiere Navarro que en aguas bajas se pierden, y suelen observarse en grandes cantidades en unas lagunas que se forman en el río Aro, al oeste del estado Bolívar.
Destaca este apasionado de las aves, la habilidad que tienen los pichones para sobrevivir ante cualquier ataque de los depredadores. “Si se cae del nido se sumerge y nada con una facilidad increíble, y al llegar a la orilla se valen de las garras que tienen en las alas para trepar a los árboles. Han desarrollado desde su época juvenil hasta adulto una estrategia de supervivencia muy eficaz”.

CONTEMPLAR ANTES QUE CAZAR
Aunque algunos manifiestan que tiene un sabor muy amargo y un olor muy penetrante, la chenchena es constantemente amenazada por los cazadores furtivos que nunca faltan, de ahí que Navarro insista en la importancia de establecer un programa de educación ambiental en los pobladores de la ribera del Orinoco “para hacerles ver que es una especie atractiva para los amantes de la naturaleza y que llevando a la gente a observarla da más dividendos que cazarla y comerla”.
Además, reitera el ornitólogo de la UNEG, la chenchena es un ave que depende mucho de los bosques ribereños donde ella se reproduce, "por lo que un plan de conservación de esta especie única debe integrar estos ecosistemas". ¿Se imaginan la cantidad de turistas queriendo una foto del pariente del Archaeopteryx?

Dinosaurio con plumas
Aunque el debate sobre si era un ave o un dinosaurio con plumas continúa, lo cierto es que el Archaeopteryx significa ala antigua y es, para muchos científicos, el más célebre de los fósiles desde que en 1861 se encontrara la primera pluma.
Ya son seis los esqueletos descubiertos los cuales –según señala la tarjeta de exhibición del Museo Británico donde está expuesto un modelo del ejemplar-, “son muy ligeros, siendo sus huesos huecos como los de las aves voladoras”; de ahí que para los seguidores de la teoría evolutiva es el eslabón perdido entre los reptiles y las aves. Incluso, algunos paleontólogos piensan que la morfología de las garras del Archaeopteryx sugiere que esta ave primitiva sería de hábitos arborícolas, es decir, viviría entre las copas de los árboles y tendría una elevada capacidad para trepar a las mismas

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